EL TXIQUI-CHIQUI

Rodolfo Chikilicuatre es a la música como el lehendakari Juan José Ibarretxe a la política: “Perrea, perrea”. Ambos rozan el ridículo y son pesados hasta la extenuación, pero ya forman parte de la chamarilería española que tanto gusta, que tanto atrae, que tanto dinero genera. Créanme, vivimos en un país de contrastes, en el que lo importante se toma a guasa y lo nimio genera debate de gran altura.
El Festival de Eurovisión 2008 se ha convertido en un asunto recurrente para sesudos analistas; para aquellos defensores de la patria seria y digna, carente de sentido del humor, que no se ríe de sí misma. Rodolfo estuvo bien, en su línea. No defraudó. Al contrario que José Luís Uribarri, la voz del certamen, caduco y sobrepasado, que nos deleitó con un sinfín de aciertos forzados que demostraron, una vez más, que el concurso está amañado. Vamos, decidido de antemano. El presentador, gustándose, daba en el clavo una y otra vez con las votaciones internacionales. Qué arte. Lamentable.
“Ese payaso nos ha dejado en ridículo”, “España no merece esta imagen”, “se han reído de nosotros”, clamaban tras el rancio acontecimiento musical los intelectuales de un país, que, recuerden, amaba a los “Pajares” del despelote nacional y a los pechos blancos de Nadiuska en aquellos 70, mientras que en Norteamérica ya se filmaban maravillas cinematográficas como “El padrino”. Los mismos analistas que, horas antes del festival, culpaban directamente al Generalísimo de haber amañado el triunfo de una Massiel que vociferó un tema de escaso contenido; el “la, la, la”. Esos mismos que ahora acercan al espectador indefenso la heroica hazaña de un bizco calvo y ladrón, el Dioni, o los trapos sucios de un torero que se ha quedado viudo. En fin, como digo, cosas serias, relevantes, indispensables para la buena imagen de una nación.
Lo cierto es que el “chiqui chiqui” ha calado a fondo entre unos y otros: “lo baila Rajoy, lo baila Hugo Chávez, lo baila Zapatero, mi amol ya su sabeh (letra textual)”. También lo bailan los del PP, con la que tienen encima, algunos del PSOE, con lo que les va a caer, y el lehendakari cuando le deja tiempo el referéndum. Y como nos descuidemos, lo bailará todo el continente americano, de la misma manera que movió la cintura con la “Macarena”. En definitiva, los creadores del producto Chikilicuatre (como diría Risto) han acertado porque se ha conseguido el objetivo: la canción flotando hasta en la sopa. Una maniobra comercial perfecta del señor Buenafuente.
Y ahora, al cierre de la columna de hoy, hablemos de asuntos menos relevantes, de andar por casa: la crisis del PP, la justicia, los vuelos a Guantánamo, la desaceleración económica, el terrorismo, el paro…. En fin: “Perrea, perrea”.

VIVA LA PACA

“La lady Godiva de Lepe”. De esta singular manera titulaba ayer la última de El Mundo nacional una información sin desperdicio de mi amigo Antonio S. Candilejos. Cuatro columnas magníficas, un destacado y la foto demoledora/estomagante de una escultora en pelotas a lomos de una jaca impasible, como si la escena no fuera con el animal. Y es que en Lepe o nieva en Navidad o se pasea una dama entrada en carnes por el recinto ferial. Naturismo o desnudismo. Simplemente impactante.
Francisca Abreu, que así se llama la romera en top less, le ha dado salsa y alegría a la actualidad diaria, que se debate entre tanta política ruidosa y tanto atentado maldito. Entonces, Viva la Paca. Y es que la artista lepera, fundadora de la Asociación Naturista de Nueva Umbría, ha decidido iniciar una cruzada a favor del despelote total que, dicho sea de paso y según sus defensores, favorece el respeto por uno mismo, por los demás y por el medio ambiente. Ni cambio climatológico ni leches: viva la Paca. A caballo o en la playa, que más da, lo importante es dar rienda suelta a los michelines y al dinerito gastado en el gimnasio.
Los seguidores de esta postura ante la vida consideran que la prohibición de la práctica del desnudo público es origen de problemas psicológicos y emocionales, como la falta de falta de autoestima, la negativa autoimagen corporal y el morbo sexual. Pues nada, a desnudarse y a olvidarse de todo: de los problemas laborales, familiares y económicos. Si no hay dinero, no hay ropa. Visto así, la solución al enfrentamiento político, cargado de tensión y de reproches, pasaría también por el debate sin calzoncillos; a pelo. Imagínense un pleno municipal o una acalorada sesión parlamentaria sin más tela que el tapete de la mesa. Un entretenimiento para la vista, sobre todo en la primera convocatoria. De entrada, a más de uno/una se le terminarían los argumentos observando tanto atributo junto.
“Al amor, al baño y a la tumba, se debe ir desnudo”, decía el maestro Enrique Jardiel Poncela, uno de los más grandes humoristas que ha dado el siglo XX. Francisca Abreu dice que seguirá luchando para cambiar la mentalidad de la gente hasta que se vea el nudismo como algo natural y habitual. Al paso que vamos, no sería de extrañar que Manolo y Pepe se encontraran todas las mañanas en la panadería con la barra y el colgón al aire libre, tostándose al sol. El despelote en el mercado y en la ventanilla de hacienda. El sindicalista regordete y el policía recuadrado.
Y lo peor de todo; el desnudo matinal ante el espejo, habitual y cotidiano, casi necesario, perdería todo su glamour. La imagen diaria agradable/desagradable que nos coloca en el baremo corporal se difuminaría. Las partes escondidas de nuestro cuerpo, que revisamos y empaquetamos con cariño antes del quehacer diario, quedarían siempre a la vista. Viva la autoestima. Viva la Paca.

URBANISMO/CORRUPCIÓN

El análisis que el ciudadano realiza a estas alturas de la confrontación política, judicial y social por los casos de corrupción urbanística denunciados durante los últimos años/meses en algunos puntos de Andalucía, y en otros del resto de España, le ha llevado a alcanzar la preocupante conclusión de que el urbanismo es una actividad básicamente corrupta, enfrentada directamente con la protección del medio ambiente. Algunos de esos sonados casos se basan, sin duda, en informes objetivos y de necesaria denuncia ante los tribunales, para lograr una sociedad justa y sana. Pero otros muchos casos, denunciados por colectivos con voz pero sin datos, y fundamentados en simples sospechas o veladas apariencias de ilegalidad, se han demostrado como inexistentes.
Lo más grave de todo es que esa terrible percepción podría llegar a provocar consecuencias muy negativas para la economía y la sociedad. El ejercicio del urbanismo se fundamenta en criterios legales y de sostenibilidad, en la mejora y el embellecimiento de las ciudades con la creación de barrios, plazas, jardines y edificios, así como en la proyección de dotaciones, calles, carreteras etc, todo ello imprescindible para el desarrollo económico y la mejor convivencia ciudadana.
El urbanismo español está sujeto a controles muy estrictos, mucho más que la mayoría de las actividades con similar componente económico. Y no sólo eso, sino que además constituye una disciplina extraordinariamente compleja. Por ello, no se debe frivolizar ni trastocar la realidad, ya que las consecuencias sobre la imagen de personas, ciudades y municipios, y los efectos económicos para otros sectores como la construcción, la industria, el comercio o el turismo, podrían llegar a ser nefastas y de muy complicada recomposición.
La eliminación total de los casos de corrupción es imprescindible, evitando la actividad especulativa de las Administraciones locales, redefiniendo sus sistemas de financiación, agilizando la tramitación de los procesos de transformación del suelo y favoreciendo la participación de toda la comunidad en los beneficios que resulten de la gestión. Pero también es conveniente que el ciudadano conozca las garantías de los procedimientos legales para la clasificación urbanística con las sucesivas aprobaciones de las distintas Administraciones; el papel que juegan aquellos que intervienen en el proceso; los controles que establece la legislación urbanística de su autonomía, y las circunstancias del mercado inmobiliario que influyen en el incremento del valor de los terrenos.
También se debe reflexionar sobre la paralización que puede conllevar una situación de denuncia permanente como instrumento de lucha política, pues llegará el momento en el que las personas o entidades encargadas de intervenir en la redacción y control del procedimiento urbanístico, se nieguen a proponer o a informar, a decidir o a comprometerse por temor a ser tachados de corruptos, impidiendo así el desarrollo normal de una actividad que es estratégica para el crecimiento económico de nuestras ciudades.

PEPE CEJUDO

Un arquitecto americano dijo que “el éxito es ese viejo trío: habilidad, oportunidad y valentía”. José Cejudo, el alcalde de Valverde del Camino, es un político oportuno, hábil, y, sobre todo, valiente, muy valiente. El ex presidente de la Diputación provincial ha demostrado una vez más su calidad de hombre sincero, claro y directo, que camina firme y seguro, con éxito, sobre la temblorosa pasarela de la vida.
Le conocí hace casi 18 años en Huelva, una ciudad sin desarrollar que vibraba entonces con la política local; menos aburrida y viciada; mucho más apasionante Hablamos muchas veces de todo y de nada, de izquierdistas y derechistas. Entrados los 90, tras la resaca de la Expo sevillana, ya casi en el olvido de la historia, me explicó un día en su despacho municipal, allí en Valverde, los vericuetos de una trayectoria, la suya, marcada por el trabajo constante y la dedicación, con una voz tenue y una media sonrisa muy personal; amable. Entonces, aquel periodista de radio y prensa buscaba información sobre la historia del máximo organismo provincial para un trabajo que nunca redactó.
El senador socialista Cejudo, a mediados de esos 90, sufría el primer episodio de una enfermedad que llega sin avisar, sin explicación, por las buenas/malas. Y la superó. Y lo hizo sin dejar de hablar y casi sin dejar de trabajar, con su media sonrisa amable. Ahora, a finales de marzo, le ha sido diagnosticado un linfoma de Hodgkin, un cáncer que se origina en el tejido linfático, lo que le ha obligado de nuevo a recibir tratamiento.
Nos dice en su blog, tras un punto y aparte, como los buenos narradores, que ha empezado a curarse, recibiendo quimioterapia y radioterapia; un proceso que durará unos seis meses. Estoy convencido de que, una vez más, y al margen del inevitable deterioro físico que supondrá su segura recuperación, no dejará de sonreír ni de trabajar, para los suyos en el sillón de la alcaldía y, para los demás, como representante de los socialistas onubenses en el Senado de Madrid, porque este político es así. De raza.
Una raza de personaje valiente y decidido, repito, que volvió a demostrarla cuando, meses atrás, fue sometido a un doble juicio, en los juzgados de la Alameda Sundheim y en los medios de comunicación locales, acusado de prevaricador y acosador moral. De eso que ahora se llama “mobbing”. En ningún momento se le reconoció la presunción de inocencia. No se supo esperar. No lo hicieron ni algunos de los suyos, compañeros de partido, ni sus enemigos políticos, que se encargaron de vilipendiarlo con textos cargados de ira y venganza. Él si supo esperar. Y venció tras ser absuelto de los delitos que se le imputaban, con una petición del fiscal de dos años de prisión e inhabilitación especial para empleo y cargo público. A este Cejudo de sonrisa amable no le inhabilita nadie, ni la jodida enfermedad.

ÍLOGICO PERO NECESARIO

En la barriada de El Torrejón se viven horas complicadas y arriesgadas. La chirriante resaca del terrible crimen de la niña Mary Luz ha generado un clima de rabia y odio que recae ahora sobre Francisco del Valle, el vecino apodado “Curro el pintor”, hermano del pederasta acusado de la muerte de la pequeña. El barrio está literalmente tomado por los agentes antidisturbios que velan por la seguridad de Francisco, de su mujer y de sus tres hijos, ante el riesgo de sufrir ataques de los vecinos, que les consideran cómplices del asqueroso asesinato.
Manuel Bago, Subdelegado del Gobierno en Huelva, defiende que “estamos en un país libre donde cada ciudadano tiene derecho a vivir donde quiera, independientemente de cuestiones de tipo personal”. Vista así, tal afirmación entra dentro de la lógica, pero en el desagradable contexto de los hechos acontecidos y de su formidable repercusión nacional, no deja de ser una frase absurda, vacía y fuera de la realidad.
El ambiente está muy caldeado y si no que se lo digan a aquellos que, en la noche del lunes, trataron de linchar al familiar del peredasta. La crispación social es el peor de los enemigos del orden público y, en esta barriada onubense, estamos a un paso del desorden. Por lo tanto, la Administración central, a través de la Delegación del Gobierno en Andalucía, debe llevar las aguas a su cauce e impedir que paguen justos por pecadores. Recordemos que sobre Francisco del Valle sólo pesa la sospecha y el rencor de los que hoy por hoy no piensan más allá de su portal.
Decía Azaña que si en España se callaran todos aquellos que hablan de lo que no saben, se produciría un gran silencio. Pero, qué duro es el silencio para los que han sufrido el terrible golpe de la muerte, provocadora de palabras que se escupen sin sentido. La crispación, la locura social, es algo incontrolable, ya que cualquier detalle hacer surgir una respuesta violenta. Y eso es lo que está ocurriendo en El Torrejón, un barrio que, durante los últimos meses, se ha cargado de detalles negros.
Juan Antonio Cortes vuelve a demostrar una cordura sorprendente, y solicita, como medida cautelar, el traslado de la familia amenazada a otro lugar, a otro emplazamiento alejado de esos detalles malditos, suspendidos como la contaminación en la atmósfera de esta zona de la capital. El padre coherente de la niña desaparecida conoce bien a los vecinos, ha tratado con ellos y conoce a la perfección lo que sienten. Sus reacciones. No duda en afirmar algo ya demostrado; que él sabe controlar la rabia, pero que hay gente que no es capaz. Más vale prevenir que curar y, en estos casos en los que el proceso judicial no es respetado por todos, habrá que adoptar medidas para impedir nuevas desgracias.

VIVA LA EÑE

Me encanta la eñe porque marca la diferencia, porque es distinta. La decimoséptima letra del alfabeto español; muy única y muy española. Ahora, Huelva se engalana de eñe en el marco de la celebración del III Acta Internacional de la Lengua Española, la nuestra, con la que se comunican más de 407 millones de hablantes en todo el mundo. Diez de los principales estudios y diseñadores iberoamericanos dan vida a una acertada exposición colectiva en la que la letra “ñoña” se convierte en la gran protagonista. Sus creaciones cuelgan de las fachadas de edificios de la capital onubense, como el Gran Teatro, la Casa Colón, el Ayuntamiento, la Diputación, la Federación Onubense de Empresarios o la sede del Colegio Oficial de Arquitectos. Viva, pues, la eñe.
Y yo me pregunto: ¿qué sería de nosotros sin la eñe?; una letra desaliñada pero señorial que inunda nuestras vidas entrañables, cargadas de cariño y puñaladas, carantoñas y buena compañía. Un sonido muy femenino, que resulta muy masculino con su sombrero, y que nos acompaña desde los pañales hasta el final de nuestras vidas, cuando la muerte nos endiña de lleno.
Sin lugar a dudas, la desaparición de la eñe pondría en serio peligro los valores más arraigados del personaje hispánico, muy acostumbrado a tomar cañas, cañaillas y huevas aliñadas, que son manjares señeros para el gañote sureño. ¿Y que sería de nuestra historia?, cargada de hazañas de antaño a base de cañonazos desde galeones señoriales. Me niego a imaginar una Huelva sin huelveños y huelveñas, sin isleños e isleñas, sin marismeños, sin Calañas, Cañaveral de León o Castaño del Robledo.
Que triste y desaliñado sería todo sin la eñe, siempre asediada y empañada por el eco constante de la letra e, redonda y jeroglífica, la que más se repite en el diccionario español. Esa eñe risueña/enfurruñada que ya se pinta y se dibuja, que desprende arte, llega cada primavera para guiñar y cada otoño para enamorar o desengañar, para gruñir o extrañar. Una eñe de verano que soporta al quinceañero o al niño empeñado en el baño, y que se convierte en navideña cuando el invierno blanquea la montaña norteña. Está con nosotros año tras año.
Siento pánico al pensar en un teclado con el hueco negro más cercano a la ele, vacío, que dejaría huérfanos, sin palabras de extrema belleza, sin adjetivos sorprendentes y sin sustantivos maravillosos, a cuentos y novelas, narraciones y poesías. ¿Qué sería del drama sin pañuelo y plañideras, del terror sin puñales y entrañas, del amor sin los sueños del encoñado?.
Y es que la letra diferente se ha ganado su puesto a pulso, incluso en el ciberespacio, dando vida y riqueza a la lengua más universal. Y lo ha hecho de cara y de espaldas a los políticos que la defienden, aunque, en ocasiones, se revele contra algunos de ellos; plañideros, muñecotes, señoritingos y alimañas.

LA IZQUIERDA DE VALDERAS

Diego Valderas se presenta a un nuevo examen final rejuvenecido y con la convicción de resarcirse del duro golpe que recibió en las elecciones autonómicas de 2004, tras quedarse sin el escaño por Huelva que, por un puñado de votos, le arrebató el PA. IU de Huelva afronta además los comicios del 9 de marzo con la esperanza de beneficiarse del hundimiento de los andalucistas en las municipales de 2007, donde perdieron la mayoría de las 15 alcaldías en las que gobernaban. También el PP está seguro de agrupar los votos de ese antiguo vivero que no levanta cabeza, pero ese es otro tema.
Valderas ha recorrido mucho camino. Forjado en la academia sindical/obrera de CCOO y con el bagaje que otorga el ejercicio asfixiante de la alcaldía (Bollullos 1979-1994), ha dedicado los últimos años de su labor política a la autonomía. Solicitante del voto útil para la izquierda izquierdista, no para el PSOE de Chaves, defiende que los partidos mayoritarios ofrecen la misma recompensa al votante. Más de lo mismo. “Dos caras de la misma moneda”, explica cuando se refiere a los documentos de promesas de ambas formaciones.
Valderas es la cara conocida y amable de la Federación de Izquierdas en Andalucía. Hombre de trato amable y de palabra recia, me consta, presenta una vez más la sorprendente utopía de un partido, un colectivo en verde que pretende seguir dando guerra para permitir legislaturas. Diego, repito, llega a este encuentro electoral con la juventud que parece brindarle la batalla que le enfrenta con los más críticos de sus críticos; más delgado y con pelo. Mucho más joven que Manuel Chaves, al que se le van notando los años, las arrugas y el carraspeo. Es ley de vida. Con más fuerza que Javier Arenas, doblado en los mítines por el que se sabe muy perdedor en una Andalucía que no quiere a los derrotados. Y es que al candidato popular le queda ya una o ninguna.
Hace poco hablé con Valderas después de mucho tiempo sin verle. Igual fondo, igual forma. Y es que, a pesar de sus desencuentros con Llamazares, por el que tampoco parecen pasar los años, sigue contando lo mismo y en los mismos términos: lo del pluralismo político; lo de la izquierda como referente; lo de la deuda histórica y lo del estado con visión federal. Lo hacía entonces, en los desayunos de los 90, cuando las aguas estaban más calmadas y había suficiente horario para el café y algún que otro bollo, y lo hace ahora, en estos tiempos de tecnología e Internet, de prisas y permanente confrontación.
En fin, que IU, lejos de cambiar de identidad, vuelve a encontrarse con la jornada de los votos convencida de su utilidad para los rebeldes, utópicos y auténticos. Ya lo dijo Anatole France: “La utopía es el principio de todo progreso y el diseño de un porvenir mejor”. Ahora lo que hace falta es creérselo.